Por sus actos los conocerás…

No se justifica que con la situación política, económica y social que vive Venezuela, que afecta por igual a chavistas y no chavistas, las diferencias políticas de las distintas corrientes que hacen vida en la Oposición, sean incapaces de ponerlas a un lado para alcanzar  un objetivo mayor: derrotar electoralmente a un gobierno autoritario que ha usado durante 16 años los procesos electorales para legitimarse.

No se trata de ignorar esas diferencias, que son tan legítimas y políticamente racionales, como lo es también la necesidad imperiosa de unir esfuerzos para imponer cambios institucionales y frenar el desastre político que es el chavismo y que no puede esperar más, es imprescindible un cambio en la correlación de fuerzas del país.

Pero, a pesar de lo obvio que resulta todo ello, tenemos una minoría (sí, es una minoría, probada y vuelta a probar, en Primarias y sondeos de opinión) que no cesa de provocar conflictos en el seno de la Oposición, cuando es el momento de dedicar todos los esfuerzos en destacar la inmensa responsabilidad que tiene este gobierno en la crisis que vive nuestro país.

No se justifica que teniendo a un adversario político como el chavismo, con todos los recursos y medios a su disposición, los espacios disponibles en los medios no sometidos al oficialismo se dediquen a promocionar la estrategia divisionista en lugar de ofrecerle oportunidades a los aspirantes al Parlamento para que su mensaje sea divulgado, y que por cierto, algunos de ellos sí lo hicieron con Chávez en 1998.

No se justifica que quienes han sido incapaces de lograr la mayoría en Primarias o en sondeos de opinión, al no gozar del consenso favorable o estar al margen de la MUD, decidan por su cuenta postularse, enviando la señal inequívoca de ser agentes del gobierno, porque solo así se justificaría intentar dividir a la Oposición en unos comicios ésta donde tiene como mínimo 20% de ventaja con respecto al Oficialismo.

No debe preocuparnos que vestigios de organizaciones políticas sin legitimidad, que son objeto de disputas judiciales por unas siglas que no albergan suficiente militancia como para decir que son unos partidos políticos, estén decididas a torpedear a la MUD, pero lo que sí debe llamarnos a la reflexión es que actores políticos que uno cree que tienen alguna responsabilidad con el país, estén protagonizando alianzas con estas franquicias electorales, que inclusive son antagónicas con sus intereses por su ubicación ideológica.

No se trata de renunciar a intereses políticos o aspiraciones personales, pero demostrar sin pudor que lo que se quiere es el poder, al precio que sea, es la más deprimente demostración de la decadencia política.

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