POLÍTICA, MENTIRAS Y VIDEOS

El título no pretende ser original, en realidad lo que plantea es la reafirmación de que en Política lo que resulta tradicional es la repetición de situaciones, comportamientos y medidas que en modo recursivo, tienden a caracterizar una época. Se vivió con la decadencia del régimen de Fujimori en Perú (2000) y ahora en Venezuela algunos, con más esperanza que certeza, creen ver una reedición del episodio en la política criolla.

En Venezuela se hace “política“ en minúscula. Y no puede ser de otra forma cuando se ha renunciado a fortalecer una cultura política que edifique, en la que los ciudadanos sean parte del proceso de conducción política en lugar de súbditos sin derecho a voz y solo con el consuelo del voto. Parte del fracaso en la intención de consagrar la democracia participativa en Venezuela se debe a la pretensión de imponer un modelo que debería construirse a partir de la propia cultura política del venezolano. El proyecto político chavista se inscribe dentro de una fantasía pseudo-revolucionaria de liberación de los Pueblos sometidos por el capitalismo salvaje, en donde la transformación la han experimentado los actores mas no el libreto; la explotación del venezolano persiste, a paso de vencedores, y con lamentables consecuencias para nuestro tejido social. Se vendió una ilusión que se mantiene en los corazones de muchos venezolanos que no racionalizan la política, siendo eso lo que en gran medida mantiene al chavismo en el poder.

La presencia de Hugo Chávez cambió -de eso no cabe duda- la forma de hacer Política en Venezuela. No solamente en términos Institucionales sino además, Personales. Antes de Chávez -lo queramos reconocer o no- existía eso que se llamó ‘la majestad del cargo‘, que para Hugo no era sino una forma vergonzosa de manipulación burguesa, de sometimiento del Pueblo. Cuando Chávez rompía el protocolo lo hacía en una suerte de gesta heroica liberadora del Pueblo en reclamo de su libre determinación., en la que él por supuesto, encarnaba al Nuevo Libertador. Con ese discurso se fue afianzando este proyecto político, haciéndole creer a todos, que la suya era una nueva gesta emancipadora, esta vez de las garras del capitalismo. Mientras envenenaba las mentes de millones de venezolanos, su entorno se enriquecía sin limitaciones, gracias a negocios en nombre de esta Patria, tan querida ella. Comenzó entonces a formarse una nueva burguesía al amparo del Poder, conformada por ex funcionarios del Gobierno caídos en desgracia; hermanos de funcionarios del Alto Gobierno; novios/as de personajes cercanos o en el Poder, hasta llegar al mismo entorno familiar del ‘Gigante‘. Los rumores daban cuenta de una grosera ostentación, que no guardaba las formas de otros tiempos donde la discreción era la conseja; en su lugar, la boliburguesía chavista se ha esmerado en demostrar su ‘sobrevenida‘ buena fortuna, sin ningún disimulo.

La Boliburguesía estuvo protegida, como bien nos lo han recordado, por el Máximo Líder quien se encargó de atajar los excesos de algunos de sus principales aliados en el poder, teniendo en algunos casos extremos que tomar medidas ejemplarizantes para ‘sanear‘ a la Revolución. Sin embargo, ante su ausencia física, se han desatado todos los demonios del chavismo, bien sea por dolor ante la ausencia de su fundador o por desconcierto ante el futuro inseguro de la Revolución, pero en todo caso lo que está claro es que se movieron los cimientos del Proyecto Bolivariano, y con ello la carga emocional que representa en este proceso de transición llamado postchavismo. Algunos opinadores de oficio consideraban inminente una lucha intestina; otros mucho más pragmáticos se inclinaban por la conveniencia del chavismo de permanecer unido para salvar a la Revolución, el legado histórico del Comandante Supremo. Lo vivido el 10 de Enero dejaba desconcertados a muchos que esperaban una batalla campal y que no llegó siquiera a un conato. Un hecho cierto es que el chavismo, luego del 5 de Marzo está condenado a permanecer como esos matrimonios ‘bien avenidos‘ que duermen en habitaciones separadas. En el chavismo hay varias facciones con Agenda particulares y no necesariamente coincidentes.

La necesidad de permanecer en el Poder hace imprescindible que las facciones que conforman el chavismo permanezcan unidas, pero además resulta imperativo que ninguna de ella se fortalezca. En el postchavismo, todas las facciones se encuentran lo suficientemente débiles como para necesitar de esa cohesión. La tarea de cada una de ellas será procurar imponerse sobre las demás. Lo que observamos es precisamente esa lucha. No solamente los audios son expresiones de la medición de fuerzas en el postchavismo, las reacciones de los poderes son parte de ese juego: la salida de algunos actores, momentáneamente, son parte de los movimientos como en un tablero de ajedrez. Los que no estamos en la jugada somos nosotros. Y si no entendemos el juego corremos el riesgo de perdernos, porque no se trata del movimiento sino de la racionalidad del mismo.  En el postchavismo cada día hay una negociación, hay entrega y una momentánea tregua. No es fácil estar en el Gobierno por estos días. Y eso se nota con meridiana transparencia. Debatir si Diosdado fue a recibir órdenes a Cuba o si lo del ‘chip‘ en el Zulia fue una prueba piloto, palidece ante la realidad atroz que se cierne sobre la nación venezolana, con los indicadores económicos  que se están divulgando.

Con lo único que cuenta el postchavismo para permanecer unido, es la necesidad de conservar el poder, y eso es razón más que suficiente para luchar, por cualquier medio. Pero eso también tiene un alto costo. Y seguramente lo van a pagar.

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