Los principios y las acciones

La crisis política por la que atraviesa Venezuela parece haber tomado por sorpresa a muchos, menos a los venezolanos que desde hace unos cuantos años han venido advirtiendo del riesgo que el proyecto político de Hugo Chávez representaba para el país, así como también para la región. Luego del asomo por parte del presidente de los Estados Unidos de no descartar cualquier opción, incluida la militar, viene a nuestra memoria uno de los episodios más oscuros de nuestra historia política reciente, cuando aquellos que, adversando el proyecto político de Chávez, aprovecharon la ocasión de una breve ruptura del orden constitucional encabezada por el alto mando de la Fuerza Armada para conformar una alianza de fuerzas antidemocráticas determinada a asaltar el poder, y que terminara consolidando al régimen chavista.

La recomposición de la coalición opositora luego de ese episodio, que le mereció el calificativo de “golpista” con el que hasta ahora algunos factores políticos -tanto nacionales como internacionales- la reconocen, ha sido un largo y tortuoso proceso. La ausencia de una verdadera unidad, en lo estratégico y discursivo, ha sido visto más como una señal de incompetencia que la consecuencia lógica de una coalición de partidos políticos de naturaleza diversa, en la que las limitaciones van desde lo ideológico hasta lo táctico, pues en ella hacen vida organizaciones que se identifican con la centro-derecha y la centro-izquierda del espectro político. Las críticas hacia la oposición han ocupado el espacio para el cuestionamiento del gobierno, siendo frecuente en el debate político nacional la acusación de colaboracionista o cómplice del régimen dirigido hacia la MUD.

La crítica hacia la conducción política de la oposición no es el problema, pero sí lo es ignorar la naturaleza autoritaria del régimen político al que se enfrenta. La ingeniería política desplegada en Venezuela desde 2004, bajo la tutela del régimen cubano, ha gozado del amplio financiamiento que solo la renta petrolera puede garantizar, reforzado además por una enorme red clientelar de gran arraigo en la cultura política venezolana, facilitando la progresiva imposición del modelo autoritario chavista. La lucha opositora es la confrontación entre de dos modelos políticos irreconciliables, la oposición agrupada en la MUD no puede -ni debe-  renunciar a los valores democráticos, por lo que cualquier aventura contraria a ellos sería una renuncia a su restauración.

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