¿En manos de quién está el destino de Venezuela?

A la Oposición le ha costado mucho superar el error cometido por una minoría irresponsable y suicida que en abril de 2002 decidió arrebatarle la posibilidad de una salida política pacífica a una crisis de poder. La iniciativa ciudadana fue secuestrada por unos pocos civiles y militares que se arrogaron la potestad de decidir el destino del país sin considerar su opinión, a pesar de la inmensa movilización que ha quedado en la memoria de muchos como la más grande demostración de participación cívica en Venezuela.

En los distintos foros académicos internacionales se mantiene el cuestionamiento por el pasado golpista de la Oposición venezolana, nunca falta el recordatorio de un episodio que no solo para el Oficialismo, sino para la misma opinión pública internacional, ha quedado registrado como una propensión de quienes adversan al chavismo. La aclaratoria sobre la responsabilidad de una minoría en la sucesión de eventos que comenzaran el propio 11 de abril nunca es suficiente y queda la sensación de un intento vano de justificación.

Por eso no deja de ser extraordinario el esfuerzo de los actores políticos constituidos en la Mesa de la Unidad Democrática quienes a pesar de las diferencias políticas e ideológicas propias de una coalición enfrentada a un régimen autoritario, ha logrado recuperar la imagen democrática para la Oposición venezolana, que no es poca cosa. En estos diecisiete años de chavismo, si algo le ha permitido crecer a la Oposición, ha sido sin duda la estructura proporcionada por la MUD, con todas sus fallas y dificultades.

La decisión de asumir el Referendo Revocatorio como la bandera unitaria frente a la debacle del gobierno de Nicolás Maduro no fue fácil, todas las opciones fueron consideradas, pero finalmente hubo un esfuerzo común para iniciar el proceso. El Revocatorio es un escenario que depende de la presión que el país pueda ejercer sobre el régimen político, aun cuando cada vez sea menos factible lograr la meta de ejecutarlo en 2016, la lucha por las condiciones establecidas en la CRBV debe mantener en permanente movilización al país.

No faltan las voces pesimistas que alegan la existencia de condiciones adversas para la convocatoria del Revocatorio. Por supuesto, ¿qué dictadura se permite facilitar un mecanismo para su propia expulsión del poder?, pero es ahí donde radica la necesidad de mantener un alto perfil, exigiendo las condiciones para el Revocatorio, que en términos prácticos significa mantener la presión sobre el régimen. Esto es muy distinto a llamar a la gente a emprender una lucha armada –para la que NO está preparada, porque no tiene los recursos- con la ilusión de provocar una crisis (si cabe otra) dentro de la coalición del gobierno, cuando lo que sostiene a Maduro en el poder es precisamente la institución militar.

En estas condiciones, a la Oposición le corresponde insistir en lo que viene haciendo, exigiendo condiciones para la aplicación del mandato constitucional sobre la convocatoria de un Referendo Revocatorio. En el caso de que el régimen político lleve al país al extremo de dejarlo sin alternativas democráticas, es el propio régimen y concretamente, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, la única responsable de evitar un desenlace fatal. Llegará el momento en que tendrán que responder por las muertes causadas por la falta de alimentos y medicinas, pero en este momento son responsables directos de evitar un baño de sangre.

La salida de una crisis como la que vive Venezuela requiere, indiscutiblemente, de un proceso de negociación. En cualquier caso, la solución pasa por acordar con la FANB la salida de Maduro en 2016 con la convocatoria del Referendo Revocatorio. En el peor de los escenarios, si el Revocatorio es en 2017, la Oposición deberá seguir presionando no solamente por el Revocatorio, sino además por el nombramiento de un Vice-Presidente que encabece un gobierno de salvación nacional. La lucha política consiste en lograr condiciones que no existen, en el caso venezolano se trata de obligar a un régimen autoritario a reconocer los derechos de la amplia mayoría que es la Oposición.

Enfrentarse a un régimen autoritario que llegó al poder por la vía electoral no es una tarea sencilla, sobre todo si son los valores democráticos los que inspiran esa lucha política. El camino que ha escogido la MUD es el de la lucha democrática, electoral, pacífica y constitucional. Eso no significa que lo electoral defina el desenlace de la crisis venezolana, pero cualquier salida deberá garantizar la estabilidad del país y ese es el reto tanto de la MUD como de la FANB, el único soporte con el que cuenta el gobierno de Nicolás Maduro en estos momentos.

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