¿El principio del fin?

El 5 de marzo de 2013 muchos creímos ser testigos del nacimiento de una religión, del culto al caudillo pasamos a la unción del hombre devenido en santo. Hugo Chávez ganó las elecciones el 7 de octubre de 2012, para anunciar dos meses después que su enfermedad se había agravado y debía ausentarse para comenzar un nuevo tratamiento médico en Cuba, del cual no regresaría con vida.

Venezuela votó en 1998 por un militar ex golpista que prometió borrar del mapa a la clase política tradicional, no fue un simple voto castigo, fue la apuesta por un cambio político radical en una sociedad cansada de promesas sin cumplir y de una profunda desconexión política que fue desdibujando la cualidad representativa de la democracia.

Del freír cabezas a la Revolución Bolivariana

En la oferta política de Chávez, la gesta revolucionaria, si fue que estuvo prevista se mantuvo encubierta hasta que frente a los torpes intentos de los sectores políticos y económicos -así como militares- sintiéndose desplazados por la nueva élite política, cayeron en la trampa de las salidas fáciles, involucrándose en un intento de golpe de Estado que tuvo muchas caras y terribles consecuencias para el futuro político inmediato de la nación.

La oposición venezolana quedó señalada en el mundo como cómplice de un golpe de Estado que tuvo sus orígenes en el propio alto gobierno, y que le sirvió a Hugo Chávez para hacer una profunda limpieza, sobre todo en el ámbito militar, a su vez que se encumbraba como víctima de una acción anticonstitucional -como la que una vez intentara el 4 de febrero de 1992 y que celebraba con honores casi de fecha patria- logrando deslegitimar a toda la oposición aun cuando fueron algunos actores los que tuvieron participación directa en los todavía muy oscuros sucesos del 11 al 14 de abril de 2002.

A partir de ese momento, el chavismo como proyecto político fue adoptando el discurso revolucionario, que gracias a la cercanía de Hugo Chávez con Fidel Castro, le garantizaba un contrato llave en mano con el régimen castrista para mantener un férreo control del poder. El grado de penetración del modelo político cubano fue cambiando progresivamente la apariencia democrática del gobierno, utilizando la participación como herramienta para consolidar el control máximo del poder político.

El deterioro de la promesa revolucionaria

El chavismo aprovechó cada uno de los eventos electorales para mantener su legitimidad a través de las acciones de control sobre todas las ramas del poder público, conservando de manera consistente su popularidad gracias a las múltiples estrategias políticas de adjudicación de recursos, evitando la necesidad fomentar la capacidad propia de generación de recursos fuera de las dádivas del gobierno, garantizando una mayor dependencia en los sectores a quienes estaba dirigida esa política. Con el fallecimiento de Chávez esa dinámica sufrió cambios, no solo por la ausencia de su líder fundamental [y único], sino porque además coincidió con el descenso de los precios del petróleo, conformando una crisis política y económica que afectó seriamente a los propios sectores sociales aliados del chavismo.

La presidencia de Maduro comenzó con un capital político prestado que fue disminuyendo tanto por su incapacidad al frente del gobierno, como por la merma en los ingresos petroleros, logrando una leve recuperación en 2014 durante las manifestaciones el primer semestre del año[1]. Sin embargo, no fue lo suficiente como para garantizarle un panorama más seguro en términos electorales en 2015, con elevados índices de rechazo producto de la pésima conducción del gobierno y del recrudecimiento de la crisis económica. Los resultados de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre le dieron a la Oposición agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática la cantidad de 112 diputados, alcanzado con ello la mayoría calificada con 2/3  partes de la Asamblea Nacional, representando una posibilidad de lograr por la vía constitucional, la reinstitucionalización del país.

Crecimiento vs todas las anteriores

La Oposición desde 2002 carga con el sambenito del golpismo, y a pesar de haberse mantenido –no sin grandes diferencias internas- por el camino democrático, el régimen chavista ha utilizado este episodio a su favor con toda la ironía que le acompaña. Ha sido muy difícil mantener el esfuerzo opositor enfocado en la tarea de convencer, la diversidad política agrupada en la MUD, a diferencia del Gran Polo Patriótico, no actúa bajo una misma línea política, por lo que los procesos de negociación y acuerdo dependen de los criterios de cada una de las organizaciones políticas que la componen, desde los partidos socialdemócratas, pasando por el centro y la izquierda, suelen ser mucho más propensos al debate interno que en el muy revolucionario GPP.

El crecimiento en votos de la Oposición obedece a muchos factores: el descontento con el gobierno por su manejo de la crisis económica, la manipulación en relación a las causas de la crisis, la corrupción y los niveles de delincuencia han ido conformando una situación de caos donde el gobierno luce incompetente, moviéndose por inercia, profundizando la gravedad de la situación. Si quienes votaron creen o no en la MUD es una discusión que tendrá lugar en algún momento, pero lo que sí está claro y no deja lugar a dudas es que no confían en el gobierno de Maduro. La tesis del crecimiento opositor fue validada satisfactoriamente el 6D, ahora será puesta a prueba la capacidad de esos 112 diputados para hacer Política. Las discusiones sobre quiénes deberán integrar la Directiva de la AN son insignificantes frente a las grandes decisiones que deberán tomar quienes tienen la responsabilidad de ejercer la mayoría calificada.

De modo que en democracia no hay porqué temerle al debate, esa es una parte importante de la cultura cívica, así como también lo son la capacidad para la negociación y los acuerdos. A diferencia del chavismo, en la MUD hay espacios para el disenso, la crítica y la resolución de conflictos. No hay que temerle a las diferencias porque eso es lo propio de sociedades democráticas, si sucumbimos a la tentación del pensamiento único estaremos reforzando el modelo político que hemos adversado desde hace más de quince años. Que este sea el principio del fin depende de cuán democráticas sean nuestras propias convicciones políticas.

[1] http://www.correodelorinoco.gob.ve/politica/luis-vicente-leon-maduro-todavia-tiene-popularidad-suficiente-para-gobernar/

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